La Casa Blanca justificó la decisión por los vínculos de La Habana con gobiernos y organizaciones consideradas hostiles por Washington, entre ellos Rusia, China, Irán y grupos como Hezbollah y Hamas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este jueves una orden ejecutiva para imponer aranceles adicionales a los bienes importados desde países que vendan o suministren petróleo al régimen de Cuba.
La decisión apunta a cortar una de las principales fuentes de sostén energético de la dictadura cubana y, según la Casa Blanca, busca proteger los intereses estratégicos de Washington frente a lo que considera “acciones malignas” de La Habana en el plano internacional.
La medida establece que cualquier país que, de manera directa o indirecta, provea petróleo o productos derivados a Cuba podrá enfrentar tarifas adicionales sobre sus exportaciones al mercado estadounidense. El nuevo sistema no fija automáticamente los aranceles, sino que habilita un proceso de evaluación caso por caso, coordinado entre los departamentos de Comercio, Estado y Tesoro, junto con otras agencias federales.
En el texto de la orden, Trump sostuvo que “las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.
El mandatario afirmó que el régimen cubano mantiene vínculos con actores hostiles a Washington y que su comportamiento requiere una respuesta inmediata.
“Estados Unidos actuará para proteger su seguridad nacional y sus intereses, responsabilizando al régimen cubano por sus acciones”, señaló.
Cuba depende en gran medida de suministros externos de crudo y combustibles refinados para sostener su sistema eléctrico, el transporte y sectores clave de su economía. Washington considera que ese flujo energético permite a la dictadura de La Habana mantenerse en el poder y financiar actividades que, según la administración estadounidense, afectan la estabilidad regional.
El mecanismo diseñado por la Casa Blanca prevé que el secretario de Comercio determine si un país vende o entrega petróleo a Cuba, incluso a través de intermediarios o terceros. Una vez realizada esa determinación, el secretario de Estado evaluará, en consulta con otros organismos, si corresponde imponer un arancel adicional y en qué magnitud. La decisión final quedará en manos del presidente Trump.
La orden también otorga al Ejecutivo amplias facultades para modificar o suspender la medida. Trump se reservó la posibilidad de ajustar el esquema tarifario si el régimen de Cuba o los países involucrados “adoptan medidas significativas” que reduzcan la amenaza percibida o se alineen con los objetivos de seguridad y política exterior de Estados Unidos. Asimismo, advirtió que cualquier represalia comercial podrá ser respondida con nuevas modificaciones.
El documento sostiene que la isla alberga capacidades militares y de inteligencia de países considerados adversarios de Estados Unidos. Entre los ejemplos citados figura la presencia de la mayor instalación de inteligencia de Rusia fuera de su territorio, dedicada, según Washington, a recolectar información sensible estadounidense.
Además, el texto acusa al régimen cubano de brindar refugio y apoyo a organizaciones catalogadas como terroristas por Estados Unidos, como Hezbollah y Hamas.
“Cuba crea un entorno seguro para que estos grupos establezcan vínculos económicos, culturales y de seguridad en la región”, afirma la orden ejecutiva, que también menciona la cooperación de La Habana con China e Irán.