Por: ILDIKO NASR
Sabemos cuántas arrugas tenemos alrededor de los ojos y de la boca. Sabemos de manchas y lunares; de pelos que crecen donde no quisiéramos. Sabemos de esos kilos de más que celebran nuestro gusto por la comida.
Sabemos de celulitis, rollos, panza… hemos tenido hijos y nos han dejado huellas en el cuerpo (y en el alma). Sabemos que nunca seremos demasiado bellas ni demasiado flacas para quien de un plumazo pretende borrarnos las imperfecciones que nos hacen únicas. Kate sabe mejor que nadie lo crueles que pueden ser las personas al criticar nuestro cuerpo. Sabemos que no deberían juzgarnos por nuestro cuerpo, pero en la práctica no sucede. Nos borran las arrugas, el ombligo, la panza, la celulitis, etc. para que el señor obeso (obseso) no se sienta ofendido cuando mira no nuestra obra ni nuestro trabajo sino el cuerpo único e imperfecto en el que habitamos. Mi cuerpo es mi habitación propia.
Celebro a Kate por negarse a que se modifique su imagen con photoshop, y mantenerse firme en la convicción de su unicidad y belleza natural.
Hoy todas deberíamos ser Kate Middleton y celebrar nuestra belleza imperfecta y única, moldeada por el paso del tiempo y de la vida.