Después de una internación de 38 días en la que su vida estuvo en peligro dos veces, el Pontífice comenzó su convalecencia de dos meses en Santa Marta, que no le puso fin a la incertidumbre; las primeras dos semanas serán determinantes.
ROMA.- El Papa ya está en casa, en la residencia de Santa Marta, donde la suite 201 del segundo piso donde vive -acondicionada para esta nueva y delicada fase- en estos dos meses de convalecencia cruciales recién comenzados, pasó a ser el corazón del poder en el Vaticano. El Papa volvió a casa, pero no podrá regresar a su vida de antes -con ritmos frenéticos, agendas intensas, encuentros grupales, puertas abiertas para todos-, lo que abrió otra etapa llena de incógnitas.
En lo que algunos interpretan casi como un “milagro”, el Papa, de 88 años, regresó al Vaticano después de haber superado una neumonía bilateral que lo puso en dos ocasiones en peligro de vida. Y que le dejó secuelas que deberá pasar tiempo y mucha rehabilitación para que desaparezcan, como su incapacidad de comunicarse. Como pudo verse en su brevísima reaparición del domingo, antes de dejar el Gemelli -donde estuvo 38 días internado-, Francisco, auténtico, se mostró con todas las señales del calvario de más de cinco semanas. Frágil, debilitado, con ojeras, con el rostro marcado por el uso de la mascarilla para el oxígeno, con dificultades para respirar, así como para moverse. De hecho, pareció costarle muchísimo levantar las manos para hacer la señal de la cruz. Lucía cansado, pero sonriente, contento.
Su regreso al Vaticano marca el comienzo de otra etapa del pontificado, como explicó el cardenal Víctor Manuel “Tucho” Fernández, la persona que más conoce a Jorge Bergoglio. Y también otro período lleno de incertidumbre. ¿Cómo gobernará ahora el papa Francisco? ¿Cuál será la estrategia de estos dos meses de convalecencia? ¿La misma que se utilizó en los 38 días de gobierno desde el Gemelli? Y una vez terminada la convalecencia, cuando igualmente deberá bajar el ritmo de trabajo ¿podrá delegar?
En la conferencia de prensa en la que anunciaron el alta más esperada, sus médicos fueron muy claros: como cuando estuvo en el hospital, también ahora deberá reducir al máximo sus contactos para no toparse con virus y gérmenes dañinos. De hecho, no sólo la suite 201 de Santa Marta, donde vive, sino casi todo el segundo piso de esta residencia para eclesiásticos pasó a ser un lugar inaccesible -salvo para sus médicos, enfermeros y secretarios, por supuesto-, totalmente seguro y aséptico. Todo su entorno debe obligatoriamente utilizar barbijo.
Fiel reflejo de la incertidumbre que reina, este lunes el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado y número dos de Francisco admitió que “es difícil pronosticar cómo será el programa, aunque el trabajo de oficio prosigue”, según declaraciones a ANSA al margen de un evento.
“Cuando será necesario encontrar al Papa, se lo encontrará, o se le mandarán los asuntos sobre lo que pueda decidir. Sobre las audiencias (de los miércoles) o sobre las celebraciones públicas realmente no lo sé; por el momento no es pensable que puedan retomarse de inmediato y después dependerá naturalmente de la recuperación que tendrá el Papa”, comentó el purpurado, que no descartó que “pueda darle al menos un saludo” al monarca británico.
Parolin, que recibirá este jueves al presidente polaco Andrzej Duda, según trascendió desde Varsovia, todavía no pudo ver al Papa en Santa Marta. “Volvió a casa; ahora necesita una convalecencia, debe descansar, pero pienso que una vez que se haya reajustado, lo encontraré. Ahora debe quedarse un poco tranquilo, aunque, como habrán visto ayer, yéndose del Gemelli, se fue a Santa María la Mayor”, agregó Parolin.
El cardenal aludió a la visita -no prevista y que nadie se esperaba- que el Papa quiso hacer a toda costa, antes de volver al Vaticano, a la Basílica de Santa María la Mayor, su preferida y donde está la Virgen de la que es devoto desde sus tiempos de arzobispo porteño.
Para los observadores, esa fue una clara señal de que el Papa, más allá de su fragilidad, sigue al mando. Con la claridad de ideas y determinación de siempre.
“Está lucidísimo”, confió al diario La Repubblica el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, que ayer recibió en la puerta de Santa Marta a Francisco, que regresaba a casa después de su prueba de salud más dramática, que lo puso al borde de la muerte. “Es el mismo de siempre, pero necesita tiempo”.
Lo cierto es que el regreso a casa, a sus libros, a su escritorio, a su música, a sus fotos, a sus objetos, para el papa Francisco, como para cualquier enfermo, será un bálsamo psicológico, creen muchos. “Eso lo fortalecerá, así como seguramente, durante esta dura prueba de la internación, lo fortalecieron las oraciones de millones de personas en todo el mundo por su salud, que no sólo fueron de parte de católicos, sino de otros cristianos, de otras religiones y de personas sin religión… Personas que ven en él la única autoridad moral internacional capaz de hablar de paz, diálogo y justicia en un mundo desbocado, sin reglas, donde reina la ley del más fuerte y ya no existe el derecho internacional”, comentó a LA NACION un monseñor que prefirió el anonimato. Como muchos otros, el prelado descartó cualquier hipótesis de renuncia de Francisco en este momento, más allá de las incógnitas.