Todos llegamos a este deporte de la mano de un amigo o padre que nos invitó a jugar, ninguno de nosotros en esa época llegó deslumbrado por la fama o los millones a ganar, no pasaban rugby en la TV los fines de semana. Y llegamos al club con un amigo en el bolso y ¿qué pasó? Hicimos más amigos. Del club; del club cercano; del clásico rival; del club que nos recibió de gira; de todos lados. Porque el rugby sin amistad no existe.
El rugby es el perfecto decálogo de lo que debe ser un gran amigo:
- Corre en tu auxilio 50 mts sólo para darte apoyo.
- Te libera de problemas cuando te limpia el ruck o te pone el hombro cuando las cosas se ponen duras y empujan el maul.
- Un buen amigo comparte su riqueza con un pase de pelota y te ofrece más cuando te redobla en la línea
- Un amigo te defiende de toda amenaza y tacklea todo lo que venga.
- Ni que hablar de aquellos que te ayudan a superar tus límites cuando te levantan en el line o ese abrazo del alma que es el scrum.
- Un amigo se ofrece de cuerpo y alma; un amigo reza para que el 10 la meta y que el wing llegue porque hace fuerza por vos desde 70 mts.
- El rugby es amistad más allá de cualquier otra cosa. Amigos fuera de la cancha y adentro hermanos de camiseta.