El duelo de gigantes heridos despojados del sueño del oro se jugará desde las 18.
La Copa del Mundo de 2026 empieza a armar las valijas. Ese bendito (casi) mes y medio donde el planeta entero se detiene, donde las rutinas se alteran en función de una pelota y las emociones viajan en una montaña rusa diaria, ingresa irremediablemente en su epílogo. Quedan apenas un par de hojas en el almanaque de esta aventura norteamericana y la nostalgia ya se empieza a colar por los pasillos de las redacciones, en las charlas de café y en cada rincón futbolero. Esa sensación agridulce de saber que la máxima cita ecuménica llega a su final, este fin semana, es el marco que envolverá hoy, a partir de las 18, el choque por el tercer puesto entre Inglaterra y Francia en el imponente «Hard Rock Stadium» de Miami. Un duelo de gigantes heridos que, despojados del sueño del oro, saltarán al césped a jugar por el orgullo, las medallas y el honor continental.
El partido consuelo de los Mundiales siempre encierra una carga dramática muy particular, y esta edición no será la excepción. Ambos colosos europeos desembarcan en la costa de Florida masticando la frustración de haberse quedado en la puerta de la gran final dominical, pero las realidades anímicas y los partes médicos muestran diagnósticos muy diferentes sobre quién llega más golpeado a esta última función.
En la balanza de las frustraciones, es Inglaterra la selección que arrastra los moretones más profundos y el impacto psicológico más severo. El conjunto dirigido por Thomas Tuchel sufrió un verdadero mazazo en Atlanta, donde la Selección Argentina no solo le arrebató el boleto finalista en una batalla táctica memorable, sino que le desnudó viejos fantasmas históricos. El orgullo británico quedó seriamente dañado; pasar de la ilusión absoluta de levantar la segunda copa de su historia a tener que armar el bolso para el partido que nadie quiere jugar es un proceso de digestión lenta y dolorosa. Para colmo, el desgaste físico de los Tres Leones en las fases previas fue brutal, dejando a varias de sus figuras clave entre algodones y obligando al cuerpo técnico a realizar una rotación profunda para cuidar la salud de un plantel extenuado de piernas y vacío de cabeza.
Francia, por su parte, también carga con el dolor de la eliminación tras haber caído en un clásico de alta intensidad frente a la España de Luis de la Fuente, pero el semblante en el búnker galo es completamente distinto. La tropa de Didier Deschamps cayó de pie, fiel a su libreto pragmático y vendiendo carísima la derrota en Dallas. Si bien el golpe de quedarse sin el bicabezazo mundial caló hondo en el plantel, la incombustible vigencia de su entrenador y el oficio de sus referentes actúan como un bálsamo inmediato. Los franceses asumen este compromiso con la seriedad de quienes entienden que subirse al podio mundial del revuelo norteamericano sigue siendo un premio de elite.
El delantero y capitán de la selección inglesa, Harry Kane, se reprochó haber perdido la semifinal del Mundial 2026, en la que cayó con Argentina, al afirmar que estuvieron “realmente cerca de otra final”. El atacante afirmó sentir “un vacío en el estómago” y aclaró que dieron todo en las últimas siete semanas, aunque no haber alcanzado la final es “difícil de digerir”.
El combinado de Inglaterra se encontraba en ventaja ante Argentina hasta los 40 minutos de la segunda parte, cuando el elenco sudamericano pudo concretar una remontada inolvidable, con tantos del mediocampista Enzo Fernández y del delantero Lautaro Martínez, y acceder a la gran final.
El encuentro por el tercer puesto se disputará hoy desde las 18, y enfrentará a las selecciones de Inglaterra y Francia, luego de que cayeran con Argentina y España, respectivamente. Días después de la dolorosa semifinal Harry Kane, líder del plantel británico, hizo un descargo en el que se declaró dolido, ya que los esfuerzos de su equipo “no fueron suficientes”. “Estuvimos cerca”, opinó el atacante del Bayern Múnich, que luego reconoció que las expectativas para su seleccionado son altas y “con fundamentos”, ya que se mantuvieron “golpeando la puerta durante ocho años”, pero nuevamente les faltó “la última pieza del rompecabezas”.
El delantero afirmó que ahora deben “procesar la situación e intentar mejorar”, aunque también se mostró “orgulloso” de sus compañeros y de lo que demostraron durante la competencia, al destacar que superaron “partidos y ambientes duros” en su camino hasta la semifinal. Luego de valorar los recuerdos que se lleva, que espera también sean rememorados por los simpatizantes por un largo tiempo, el centrodelantero sinónimo de gol reflexionó que “buscar la gloria no siempre significa conseguirla”, afirmando que cayeron pero se volverán a levantar, ya que “no hay otra forma que seguir creyendo y empujando”.