Habló la empleada del Louvre que encontró la corona robada en el piso: “No lo podía creer”
Las horas posteriores al impactante robo al Louvre tuvieron de todo. Desde turistas enojados por no poder visitar el famoso museo de París -que ayer permaneció cerrado por las pericias- hasta cuestionamientos a las precarias medidas de seguridad del complejo que concentra una preciada porción del patrimonio cultural de la humanidad. También, con el correr del tiempo, siguen aparecieron testimonios de qué pasó en esos minutos en los que cuatro ladrones se llevaron ocho joyas de valor incalculable.
Uno de los datos que siguen siendo materia de investigación es la aparición de una valiosa corona, quebrada y tirada en el piso, minutos después del golpe. La principal hipótesis es que se le cayó a uno de los ladrones mientras huía.
Se trata de la corona imperial de Eugenia de Montijo, que fue creada en 1855 por el joyero Alexandre-Gabriel Lemonnier. La pieza está compuesta por 1.354 diamantes, 1.136 rosas y 56 esmeraldas engastados en oro, diseñada específicamente para ella en su condición de emperatriz.
Los ojos de Marika (nombre ficticio porque dice que no quiere dar el verdadero) fueron testigos del ataque al museo que aún conmueve al mundo. Es empleada del museo y ayer, a 24 horas del robo, estaba en su puesto, con su chaleco naranja y un walkie-talkie en mano.
Aún incrédula por lo que vio ayer, junto a sus compañeros de turno, contó: «Salimos corriendo después del robo y vimos en el suelo la corona» de Eugenia.
El objeto de valor «inestimable»: estaba en la calle, evidentemente dañado, «con algunas piedras que se habían desprendido y caído».
«No podía creerlo», contó a la agencia ANSA, diciendo que aún está en shock.
«Claro que está un poco dañada, pero al menos la hemos salvado. Nosotros de seguridad intervenimos tan pronto como entendimos que algo extraño estaba sucediendo en el museo. Si no lo hubiéramos hecho, las cosas podrían haber ido aún peor», continuó desde su puesto, detrás de una puerta que permitía el acceso solo a los trabajadores, no a los turistas.
Ayer Marika era una de las empleadas que una y otra vez debían repetir «hoy no se puede entrar», mientras frente al museo había un vaivén de visitantes decepcionados, algunos incluso enojados por haber perdido su visita.
Bajo la lluvia, los recibía un lacónico mensaje: «El Louvre permanecerá cerrado también hoy por motivos excepcionales.
Mientras tanto, frente a una de las principales entradas del museo, guardián de obras maestras como la Venus de Milo, la Gioconda o las Bodas de Cana de Veronese, muchos curiosos sonreían al ver la presencia de un enorme montacargas verde, similar al que se usó el domingo, con la grúa nuevamente apuntando a las ventanas del Louvre.
Algunos se preguntan si hay nuevos riesgos o si es una provocación artística en ocasión de la feria de arte contemporáneo que actualmente se lleva a cabo en la capital.
Pero quizás solo sea una extraordinaria broma del destino tras uno de los robos más espectaculares de la historia de Francia.